Saltar al contenido principal

Miraflores: Complejo Manuel Bonilla: vecinos rechazan concesión para centro de convenciones tras años de abandono

El Complejo Deportivo Manuel Bonilla no volvió a abrirse tras su cierre. En lugar de ello, se fue vaciando de gente, de uso y de mantenimiento.

Cuando La República visitó el lugar en noviembre pasado, documentó un escenario de abandono: el coliseo clausurado por deterioro estructural, la cancha de fútbol convertida en una explanada de tierra y el predio utilizado como estacionamiento, depósito y punto de descarga municipal. En ese informe previo, la gestión del alcalde Carlos Canales, allegado a Rafael López Aliaga y miembro de Renovación Popular, negó que el recinto fuera usado como botadero de desmonte, pese a los registros gráficos obtenidos por este medio. Solo después de la difusión de las imágenes, un vocero municipal reconoció el uso del espacio como punto de acopio temporal de tierra. Hoy, ese mismo abandono es el telón de fondo de una nueva decisión municipal: la eventual concesión del Bonilla a una iniciativa privada para el desarrollo de un centro de convenciones o una sala de usos múltiples.

La propuesta ha reactivado un conflicto con los vecinos, que esperaban la recuperación del espacio deportivo.

La Municipalidad demoró todo un año en hacer el análisis y lo presenta con premura y sin información suficiente, cuestiona. El proyecto plantea entregar el complejo —inaugurado hace más de tres décadas por el entonces alcalde Alberto Andrade— a un operador privado mediante una concesión de largo plazo. Para Otiniano, el problema no es solo la modalidad, sino el destino del espacio.

Es un lugar emblemático, deportivo por naturaleza. El vecino esperaba su recuperación, no enterarse de que se va a entregar al privado, sostiene. Todos recuerdan a Rafo León por su paso por la televisión, recorriendo el país en un programa de viaje que lo llevaron a conocer cada región del Perú.

Hoy tiene 75 años, un andar más lento y sus días repartidos entre el arte y la observación crítica de la ciudad que ama. Desde Miraflores, distrito en el que ha vivido casi toda su vida, observa con pesar la gestión municipal actual y el rumbo que ha tomado el Bonilla. Cuando el Bonilla funcionaba como centro deportivo, congregaba jóvenes de todo Lima.

Si alguien pierde acá, no pierden solo los miraflorinos, pierde toda la ciudad, dice. Para León, el complejo cumplía una función integradora que ayudaba a desmontar la idea de un Miraflores pituco, cerrado o clasista. Aunque desde la municipalidad se ha señalado que el proyecto permitiría eventualmente usos deportivos, León cuestiona que una concesión privada preserve el carácter público del lugar.

Privado significa que tienes que pagar o hacerte socio. Y eso no se ha aclarado.

Primero se habló de un centro de convenciones; cuando hubo rechazo, se cambió el discurso. No se sabe hacia dónde va, afirma. Otiniano coincide en que el acceso es el punto crítico.

Al privado se le pide invertir cerca de 50 millones de dólares. La pregunta es si el vecino que antes usaba libremente el espacio va a poder pagar un ticket para jugar.